El fenómeno de la Unión Europea es un proceso que se ha venido desarrollando desde hace ya más de medio siglo. Este, a la vez que avanza en el tiempo y contextos, se ha ido complejizando y se ha hecho necesario su estudio. La Unión Europea se ha ido conformando mediante la firma de tratados, los cuales contienen y conforman la estructura y organización de toda la Unión.
Pero el futuro de la UE no debe ser depositado exclusivamente en los artículos de un tratado internacional, también (siendo esto lo más importante), en la voluntad de los Estados que la constituyen (gobiernos) y de los ciudadanos a los que representa. Esto no invalida las críticas al Tratado de Lisboa, sin embargo, puntualiza que el proyecto neo-funcionalista (el cual emana desde el proyecto de integración de Monnet y Schuman) no podrá prosperar en un ambiente poco comprometido con la adopción de la supranacionalidad del organismo por encima de los mecanismos intergubernamentales a los que se ha preferido fortalecer y recurrir (Consejos). Bien es cierto que la soberanía del Estado-Nación también es un elemento que caracteriza a la región europea que tras la firma del Tratado de Westfalia, comenzó a transformarse en el sello exclusivo de Europa y será tarea difícil desvincular este atributo compartido entre naciones europeas para adoptar un apego a la UE como organismo supranacional. Este trabajo considera prematuro plantear el futuro del Tratado y por ende de la UE, sin embargo, Europa es una región que comparte cultura, historia, raíces lingüísticas y modos de vida, lo que hace al proyecto originado desde tiempos Monnet viable y lógico. Al mismo tiempo, si en realidad se busca una integración en el sentido estricto de la palabra, habrá de buscársele cabida, de alguna manera, a “la idea” de Estado Nación como vínculo histórico entre naciones europeas, esto sin darle preferencia a los órganos intergubernamentales (Consejos) por encima de los supranacionales (PE y Comisión Europea). El Tratado de Lisboa no puede ser visto bajo lineamientos estrictamente neo-funcionalistas dado que le ha otorgado mayor poder a los Consejos, pero tampoco bajo lineamientos estrictamente intergubernamentalistas debido a que también ha extendido y fortificado las facultades del PE y la Comisión Europea, pese a que no lo haya hecho, bajo la perspectiva de ciertos críticos, en la misma medida que lo hizo a los Consejos.
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